News Adiós al niñato
El regreso del hombre maduro como ideal sereno de belleza.
Hace casi una década Hedi Slimane irrumpió en la casa Dior para renovar la polvorienta y aburrida imagen del hombre moderno a golpe de insurrección asexuada con notas de rock and roll. El chico talla extra small se propagó como la pólvora a través de desfiles y campañas protagonizados por lánguidos varones que reivindicaban una eterna juventud. El hombre ya no quería ser hombre, quería ser muchacho por siempre jamás. O en eso se empeñaron durante años los estilistas del mundo entero: el culto al músculo se suspendía a favor de una figura adolescente y de una estricta vigilancia sobre el volumen de la caja torácica, la anchura de los hombros y otros rasgos típicos de expansión física masculina.
¿Y ahora? Mientras la mujer con curvas vuelve a demandar protagonismo estético convirtiendo a la fémina esquelética en un símbolo anticuado, una ojeada rápida por las principales cabeceras de moda masculina revela que el efebo de pantalón pitillo ha ido cumpliendo años y robusteciéndose hasta convertirse en un tipo maduro de rostro sesgado y experiencia acumulada. V Magazine presenta su número 'The coming age': toda una declaración de principios que pone en portada las elegantes arrugas del actor Josh Brolin -precisamente ante la cámara de Hedi Slimane-, como preludio de toda una oda al hombre hecho y derecho desplegada en las páginas de la revista.
Por si una de las revistas más influyentes en moda masculina no bastase para sustentar la tesis, Vogue Hommes International Paris no se anda con rodeos en su número bautizado como 'The Prime of Life', en el que el modelo Matt Norklun, uno de los rostros más fotografiados en la década de los 80, luce canas y otros signos propios de la edad. Y no sólo las revistas: campañas de publicidad y firmas como Prada o Vuitton, que anteriormente encumbraron la imagen del adolescente con ligeros desequilibrios nutricionales, abogan ahora por la representación madura de la belleza.
Hay quien asegura que la tendencia obedece a la necesidad del ser humano de asirse a referentes reales y cercanos en momentos de crisis (nos gusta echarle la culpa de todo a la crisis). Las reglas del juego en moda, por otro lado, demuestran que toda tendencia es cíclica y que nace y muere para volver a aparecer tiempo después de forma ligeramente mutada. Y la opinión más sensata, a todas luces, es que lo mejor siempre será no estar de moda.
Así las cosas, relájense, señores: el macho ha vuelto.