News Dossier: ModaLisboa
La para muchos desconocida moda portuguesa celebra una vez más ModaLisboa, su mejor razón de ser.
Tras cinco temporadas consecutivas entre Cascais y Estoril, la edición número 34 de ModaLisboa volvía a la capital lusa, el lugar que por derecho propio merece. Cuatro jornadas para un total de diecisiete desfiles en el Terrero do Paço y que sirven para conocer la salud de la moda en Portugal.
El primer día, Alexandra Moura abrió la veda con un desfile que podría resumir buena parte del ambiente de esta edición: una combinación de ideas y ejecuciones notables mezcladas con una cierta falta de ambición a la hora de elaborar propuestas más concretas y trabajadas. Vimos siluetas interesantes y allgunos apuntes que gustaron y que siguen gustando, pero a los que sin duda hubiera venido muy bien un mayor desarrollo.
De inconexa se puede calificar la propuesta de Ricardo Preto para el próximo invierno: una colección basada en una rapidez de los tiempos modernos que irónicamente afectaría a la coherencia del conjunto final. Salidas alternadas con un estilismo desacertado que terminó por debilitar el potencial de unas prendas que por otra parte podrían haber sido mucho mejor aprovechadas.
Alves / Gonçalves cerraron la primera jornada con un ejercicio basado en el dudoso honor de convertirse en los recicladores oficiosoñs de tendencias. En este caso, las sombras de los Yves Saint Laurent, Lanvin y Balenciaga contemporáneos fueron demasiado alargadas, haciendo de ésta una colección cuyo único objetivo y fin es presentar y vestir a una mujer sofisticada y resuelta. Quizá un puñado de vestidos muy exportables, pero una falta de creatividad bastante cuestionable.
Un Luís Buchinho arriesgado inauguró la segunda jornada en un intento de revisitar el swing de los 70. Si hay algo que agradecer a esta propuesta es su esfuerzo por no resultar literal en su planteamiento ni en su ejecución. Dar giros de tuerca a cualquiera de las sobreexplotadas décadas del siglo XX no es fácil, y Buchinho se decantó por un aire pseudo-futurista que, aunque pudiera haber sido mãs exitoso, resultó en conjunto algo bizarro e ininteligible. En cualquier caso, uno de los mejores en estas dos jornadas de calentamiento.
Si a Buchinho se le puede acusar de confuso, Katty Xiomara ofreció, en lo que a creatividad se refiere, uno de los desfiles más flojos de esta edición. Una sucesión de piezas destinadas a ser llevadas por mujeres sin existencias demasiado complejas; unas prendas comerciales que quizá puedan venderse bien entre un público poco exigente, pero que en el contexto de una semana de la moda desanima, sonroja y frustra. A partes iguales.
El cierre de esta jornada vino con Ana Salazar, diseñadora conocida y reconocida en Portugal, y cuya estilo recuerda a una mezcla entre sus colegas Vivienne Westwood y Sonya Rikiel. Bajo esa tesitura, Salazar ofreció un desfile maduro y profesional, con dos líneas bien marcadas -una más comercial, dominada por el negro, y otra más arriesgada, con estampados basados en pinturas barrocas y religiosas realizados en terciopelo-. Al final, entre su pedigrí y equilibrio de la propuesta, se llevó a casa una de las ovaciones más grandes en este ModaLisboa.