News Kate Moss Machine
Christian Salmon, autor de 'Storytelling' y sagaz analista de la turbulenta actualidad, nos descubre en 'Kate Moss Machine' (editorial Península) por qué todos somos Kate Moss.
Esquivo y cautivador como su protagonista, este ensayo ayuda a comprender esa observación de Anna Wintour según la cual una sola fotografía de moda muestra tanto sobre el espíritu de los tiempos como el más sesudo tratado de antropología. La vigencia de Kate Moss en la cultura popular durante las últimas dos décadas convierten su codiciada anatomía en un extraordinario material de reflexión sociológica. Entre la niña agreste de las primeras fotos de Corinne Day en The Face y la diva etérea convertida en holograma por McQueen en París median multitud de kates que conforman el mito de una humanidad mutante.
La niña abandonada que cautivó a un mundo cansado de opulencia en los noventa pervive como mito erótico en el híper tecnológico siglo XXI. ¿Por qué? Porque Kate es un virus de probada resistencia en una era proclive a las epidemias. Sus contradicciones son las de la cultura occidental contemporánea. Entre la caída del muro de Berlín y el 11-S, la generación del grunge y la desidia finisecular se empleó a fondo en ensuciar sus mitos, huérfana de revoluciones, enferma de economía y sedienta de experiencias. Kate Moss es esa flor imposible en el infierno de la técnica que consigue hacer de la transgresión una norma social y de paso derriba para siempre el prototipo de la modelo como molde vaciado.
Ella es aún aquella ninfa huraña que miraba a la cámara de su novio Mario Sorrenti en la inolvidable campaña de Obsession que prendió la mecha hace veinte años. Con esa mirada sensual y exasperada Kate anunciaba la entrada a fuego de la moda en el terreno de la identidad privada. El mito ausente de la modelo se empapaba de realidad y sexo en la figura escuálida de una muchacha de los suburbios. La industria del lujo se sobrecogió antes de humedecerse los labios al reconocer en ella a la encarnación perfecta de la modernidad: la moda como vicio íntimo, el estilo como simulación de la experiencia.
Kate es la dj de la moda que fulmina etiquetas mezclando a Nirvana con Vivaldi: icono de la cool brittania nacida al calor del nuevo laborismo de Tony Blair, amante atribulada con afición a los narcóticos, musa de jóvenes artistas y de genios consagrados como Lucian Freud, bohemia y empresaria, madre y vagabunda, maleable hasta extremos sólo permitidos a los mitos. La díscola adolescente desgarbada que cruzó corriendo la pasarela burlando el hipertrofiado código estético de las tops sigue hoy succionando con sus caninos afilados el auténtico sabor del mundo. Por eso es imposible dejar de amarla.