News Winehouse y Fred Perry: romance otoñal
Siempre es un placer invocar la imagen de la impetuosa diva del soul contemporáneo, sobre todo cuando por fin podemos hacerlo sin describir los detalles bizarros de algún escándalo público relacionado con su atormentada y tóxica vida personal.
Parece que la Amy Winehouse abocada a los abismos ha concluido su largo y accidentado proceso de desintoxicación para reaparecer en la escena pública con su desgarbada juventud y su carisma intactos. Sus seguidores aguardan con renovadas esperanzas un nuevo álbum mientras disfrutan de su contribución a un reciente disco homenaje a Quincy Jones, y las revistas de moda nos devuelven su inconfundible imagen como protagonista de otra apetecible colección de Fred Perry con la cual la solista inglesa se estrena como diseñadora.
El estilo de Amy se impuso hace un par de temporadas con la misma fuerza que su talento: el moño hiperbólico, el eyeliner de tigresa y la espontánea feminidad de sus prendas vintage siempre descaradamente cortas la convirtieron en sus primeros años de gloria en emblema de esa extravagancia callejera que sólo se practica con fortuna sobre el asfalto londinense.
La querencia de la cantante por la firma británica que mejor se ha adaptado a la estética de los sucesivos movimientos juveniles, Fred Perry, ha motivado una colaboración anunciada la pasada primavera cuyo resultado ya está a la venta. Se trata de una serie de 17 prendas y complementos que recuperan los clásicos de la marca pasados por el filtro de la Winehouse: polos, vestidos de punto y faldas de tubo que refinan y actualizan la estética rockabilly de los años 50 sobre la piel de una Amy con la cara lavada y lista para volver a su inspirador estrellato.