News ...y Terry cruzó la línea
La última sesión de Terry Richardson vuelve a encorajinar a sus detractores.
Más que cualquier otra disciplina artística, la moda incurre de cuando en cuando en alguno de sus excesos para recordarnos su extraordinaria permeabilidad. Y así, mientras una modelo de rostro cerúleo pasea lentamente por un salón dorado una abigarrada creación de alta costura cuyo diseño y ensamblaje han requerido cientos de horas y miles de euros, a la otra orilla del Sena un fotógrafo famoso desnuda a cuatro adolescentes en un estudio para disparar a toda velocidad una sesión inspirada únicamente en la sexualidad urgente, cruda y espontánea de unos cuerpos en actitud grotesca.
El resultado de esos dos actos creativos aparecerá reproducido en el mismo número de una prestigiosa revista de moda con difusión internacional. Alta costura y bajos instintos. Refinamiento y pornografía. Técnica y libido.
Estamos hablando, claro, de Terry Richardson a propósito de su último numerito porno, cuyos detalles más sórdidos no vamos a reproducir aquí por motivos de elegancia elemental. Las fotos en cuestión han sido publicadas en la revista de arte The Journal y abundan en el grado cero de estilización que paradójicamente ha dado prestigio mundial al norteamericano: modelo casi adolescente, sexo explícito con trazas de violencia machista y aparición del propio fotógrafo en las instantáneas con la misma actitud burlesca de aquellos soldados paletos que se hacían retratar junto a sus prisioneros en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.
La comparación puede parecer exagerada -lo es- pero el arte sólo tiene una lectura, y ésta equivale a la sensación que produce en el espectador. Aquí el díscolo Terry ha desechado los elementales límites del buen gusto que han permitido a su ingenio aflorar en sesiones pagadas por poderosos anunciantes o ilustres personajes retratados. La razón es que en esta ocasión la modelo es una muchachita anónima reclutada por internet, quien probablemente haya accedido a ser fotografiada (y manoseada) en semejantes poses gracias al influjo de un nombre con influencia en el mundo de la moda, esa mágica combinación que tantas formas de servidumbre es capaz de legitimar hoy en día entre nuestra sobreglamourizada juventud.
No se trata tampoco de juzgar toda una trayectoria por uno o varios deslices: aun aceptando que los méritos del fotógrafo no radican en la técnica sino en su aproximación personal a los temas que retrata, hay sana osadía y genuina frescura en otros trabajos de Richardson. Su sesión para The Journal, sin embargo, es propia de un gañán sin escrúpulos. La polvareda de ira levantada ahora en numerosos blogs de moda va a tardar en disiparse. Los maridajes entre el alto y el bajo arte siempre traen cola, y está bien que así sea. Es el diálogo con el público el que traza la línea donde comienza el mal gusto sin paliativos.